Textualismo

Categoría: Ficción

Sobre el no desmaye del corazón

“Aquí conviene no abrigar temor alguno; conviene que no desmaye el corazón”.

Divina comedia.
Dante Alighieri.

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Sobre una muda fealdad

“Una de esas pobres cosas cuya muda fealdad tiene profundidades de expresión como el rostro de un imbécil”.

Madame Bovary.
Gustave Flaubert.

Sobre labia de un loco

“No lo sé. Puede ser un imbécil. Puede que esté loco, pero las cosas que me ha dicho me hacen sentir de maravilla. De maravilla”.

Tiempo de divorcio.
John Cheever.

Sobre lástima y saber que está loco

“—Bueno, ¿y qué? —respondí—. Está paseando a la perra.
—Pero no era lo que estaba haciendo la primera vez que me he asomado a la ventana. Estaba ahí parado mirando fijamente a la casa. Eso dice él que hace. Dice que viene hasta aquí y mira fijamente nuestras ventanas iluminadas.
—¿Cuándo te lo ha dicho?
—En el parque.
—Creí que ibas a otro parque.
—Oh, sí, claro, pero él me sigue. Está loco, cariño. Sé que está loco, pero me da tanta pena. Dice que se pasa noche tras noche mirando nuestras ventanas. Dice que me ve en todas partes, mi nuca, mis cejas, que oye mi voz. Dice que nunca ha actuado con medias tintas en su vida, y que esta vez tampoco va a hacerlo. Me da tanta lástima, cariño. No puedo evitarlo, me pone muy triste”.

Tiempo de divorcio.
John Cheever.

Sobre como uno no avanza hacia un futuro abierto

“¿No podía uno desprenderse de todos estos reflejos desabridos y alcanzar algo diferente y nuevo? ¿Cuando uno se hace mayor sigue comportándose como siempre? ¿Tiene que ser de tal forma que ni siquiera a las puertas de la muerte uno avanza hacia un futuro abierto, sino que ésta se acerca desde el futuro hacia nosotros y todo sigue siendo pobre y pequeño?”.

Que todo sea como nunca fue.
Joachim Meyerhoff.

Sobre besar con números impares

“Nunca supe en qué tenía que pensar cuando besaba o acariciaba a una chica. Por entonces, eso llegó a desesperarme. Con el fin de no despistarme ideé un truco. Empecé a contar. Hasta cinco cuando besaba con los labios cerrados. Hasta diez cuando era con la lengua. Hasta veinte al acariciarle la espalda de arriba abajo. Hasta cinco con los pezones en una dirección y de nuevo hasta cinco en la otra. Y así lo seguí haciendo. Hasta que en una ocasión mi novia me apartó de golpe y me pregunto qué era lo que estaba haciendo:
—Cuentas, ¿verdad?
—¿Qué? —balbuceé yo—. ¿Qué quieres decir?
—Estás loco de remate. Te dedicas a contar. Dios mío, ¿tan chalado estás?
Yo fingí no entender de qué me estaba hablando.
—Pues eso, que te dedicas a contar. Todo lo que haces lo repites o bien cinco veces, o bien diez. Dios mío, qué enfermizo resulta.
A partir de entonces, nuestra vida amorosa se vio alterada para siempre. Intenté besarla con números impares. Fue una experiencia terrible. Estábamos tumbados uno junto al otro en la cama y ella me murmuró llorando:
—Nunca has vuelto a hacer nada cinco veces, ni tampoco diez. No se puede tratar de una casualidad”.

Que todo sea como nunca fue.
Joachim Meyerhoff.

Sobre un trasero enorme y reluciente

“Fue entonces cuando vi un trasero enorme y reluciente entre los arbustos. Las nalgas de ese trasero se contraían y distendían vertiginosamente, y con ese movimiento se abría y se cerraba la ranura y se ocultaba y se descubría una mata de pelo negra como el azabache”.

Que todo sea como nunca fue.
Joachim Meyerhoff.