Textualismo

Etiqueta: Joachim Meyerhoff

Sobre como uno no avanza hacia un futuro abierto

“¿No podía uno desprenderse de todos estos reflejos desabridos y alcanzar algo diferente y nuevo? ¿Cuando uno se hace mayor sigue comportándose como siempre? ¿Tiene que ser de tal forma que ni siquiera a las puertas de la muerte uno avanza hacia un futuro abierto, sino que ésta se acerca desde el futuro hacia nosotros y todo sigue siendo pobre y pequeño?”.

Que todo sea como nunca fue.
Joachim Meyerhoff.

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Sobre besar con números impares

“Nunca supe en qué tenía que pensar cuando besaba o acariciaba a una chica. Por entonces, eso llegó a desesperarme. Con el fin de no despistarme ideé un truco. Empecé a contar. Hasta cinco cuando besaba con los labios cerrados. Hasta diez cuando era con la lengua. Hasta veinte al acariciarle la espalda de arriba abajo. Hasta cinco con los pezones en una dirección y de nuevo hasta cinco en la otra. Y así lo seguí haciendo. Hasta que en una ocasión mi novia me apartó de golpe y me pregunto qué era lo que estaba haciendo:
—Cuentas, ¿verdad?
—¿Qué? —balbuceé yo—. ¿Qué quieres decir?
—Estás loco de remate. Te dedicas a contar. Dios mío, ¿tan chalado estás?
Yo fingí no entender de qué me estaba hablando.
—Pues eso, que te dedicas a contar. Todo lo que haces lo repites o bien cinco veces, o bien diez. Dios mío, qué enfermizo resulta.
A partir de entonces, nuestra vida amorosa se vio alterada para siempre. Intenté besarla con números impares. Fue una experiencia terrible. Estábamos tumbados uno junto al otro en la cama y ella me murmuró llorando:
—Nunca has vuelto a hacer nada cinco veces, ni tampoco diez. No se puede tratar de una casualidad”.

Que todo sea como nunca fue.
Joachim Meyerhoff.

Sobre un trasero enorme y reluciente

“Fue entonces cuando vi un trasero enorme y reluciente entre los arbustos. Las nalgas de ese trasero se contraían y distendían vertiginosamente, y con ese movimiento se abría y se cerraba la ranura y se ocultaba y se descubría una mata de pelo negra como el azabache”.

Que todo sea como nunca fue.
Joachim Meyerhoff.

Sobre un hidrocéfalo y matemáticas

“¡Vamos, hidrocéfalo, a la piltra, que mañana tienes que estar en forma para sacar de una vez por todas un deficiente en matemáticas!”.

Que todo sea como nunca fue.
Joachim Meyerhoff.

Sobre una puerta, golpes y el revoque

“Corrí a mi habitación y cerré la puerta de un golpe. Aunque no fue suficiente para mí. La abrí de nuevo y golpeé por segunda vez, con más violencia aún. Y así una tercera, una cuarta y una quinta vez. Infatigable, abría y cerraba la puerta con todas mis fuerzas. Con una mano, con ambas manos, hasta que el revoque empezó a desprenderse del bastidor de la puerta”.

Que todo sea como nunca fue.
Joachim Meyerhoff.

Sobre movimientos lentos y elegantes

“Nunca había visto una persona tan lenta y, a la vez, tan elegante. Sus movimientos tenían algo de celebración de lo encantador y al mismo tiempo estaban atravesados por una desesperanza plúmbea, como si cada movimiento estuviera precedido de una débil decisión precipitada, pero tomada con gran esfuerzo”.

Que todo sea como nunca fue.
Joachim Meyerhoff.

Sobre la vida burbujeante

“Ponía las manos bajo el chorro de orina de una oveja y exclamaba:
—¡Ah, esto es vida, la vida burbujeante!”

Que todo sea como nunca fue.
Joachim Meyerhoff.